sábado, 30 de agosto de 2008

Nadie

Me lo contó mi tía
una noche
que viajábamos en coche;
yo ya casi dormía,
acurrucada
mi hermana si lo hacía.
Empiezo:

Ocurrió una vez muy lejos
era el país de Nadie,
allí donde las nubes
pasean por la calle.
Así no se ve nada
y nadie se conoce ni se habla.
Sólo los que viven
arriba, en lo más alto
de los edificios grandes
llegan a verse, a veces, un instante;
luego llega la noche
y pierden el contacto,
sólo en los edificios altos.
Los niños, en la escuela,
aprenden por la voz del que les habla
y no se diferencian
por ser gordos o flacos,
por ser feas o guapas;
sino por el que tiene voz de pito,
cantar de periquito,
o un nido de grajos por garganta.
Cuando van al mercado
compran los alimentos por el tacto;
tocando localizan las naranjas,
aunque alguno
exprime los limones para zumo.
También quiso contarme que ella estuvo,
que todo lo que vio era muy feo;
yo lo dudo:
Si allí no se ve nada,
¿cómo ella pudo verlo?

Lo que creo es que todo esto es un cuento
que para entretenerme ella inventó;
lo que sigue después, no lo recuerdo.
Supongo que, rendido, me dormí
o quizás lo del viaje fuera un sueño.
Si recuerdo que mamá abrió la ventana
y me dijo: despierta, ya es la hora.
La miré y me dije: ¡Que fastidio!
levantarse de nuevo a la rutina.
Aún así es mejor ver su sonrisa
que vivir siempre solo entre la niebla,
si es verdad o mentira, ¡que más da!
Los cuentos que se inventan los mayores
son tan tristes que, yo creo,
son como la vida,
¿todo es cuento?
Mañana, cuando crezca,
Dios dirá.




Safe Creative #0801300406734 Blas León